Como en casi todas las películas sobre un futro cercano o lejano tal vez, Ghost in the shell nos presenta un panorama de mezquindad mundana y rutinaria, muy al margen de la trama pero creo que por la estética le viene muy bien. Existen los elementos típicos del género: inteligencia artificial, robots, cyborgs, androides, en general violencia y tecnología sublimada; sólo faltó la interacción con extraterrestres. Pero digamos que el factor humano está fuera de la película en cuánto a su naturaleza sensible o “humana”, a no ser por el desengaño; fuera de eso tenemos el conflicto ético que se nos exhibe precisamente en la falta de esa “humanidad” dentro de un ambiente automatizado, en el cual un cerebro radicalmente humano provocaría un caos total.
Existe, creo yo, dentro de todo esto el problema todavía inabarcable que representa la condición del ser humano en cuánto a si mismo y en relación con todo lo que está cerca y participa de él, dicho en pocas palabras su identidad, la cual ha pasado muchas veces de lo metafísico a lo cívico y político, como una negación de la individualidad en favor de lo colectivo. Entonces tenemos las dos acepciones de identidad: la del ser único e indivisible y la de éste dentro de la colectividad, basadas en ellas existen algunas intentos por lograr una conciliación entre las que distingo principalmente dos: la de la Iglesia que nos ha llamado hijos de Dios y la ilustrada definiéndonos como entes de razón. En la primera ya no se da esa “relación” si le llamamos de algún modo del individuo consigo mismo, sino que “es” en función de algo exterior a él, en dado caso Dios. En la Ilustración el ser humano se vuelve medio y fin en sí mismo ajeno a cualquier influencia externa y como consecuencia es el único y verdadero poseedor de sus facultades, las cuales explota según sea su interés. Se forma la consciencia del libre albedrío.
Considero que en la actualidad no podemos hablar del hombre sin mencionar necesariamente su condición de poder sobre todo lo que existe en la naturaleza, todo se disuelve en él, en torno a él giran las causas y se someten a su arbitrio, ese es el legado del pensamiento ilustrado. En la lectura de Adorno y Horkheimer se nos señala este movimiento como una especie de dialéctica: el mito ancestral deviene en el mito de la Ilustración.
Al tomar el hombre el poder sobre la naturaleza por ende deja de ser la víctima y pasa a convertirse en el principal modificador de su entorno mediante la técnica y la ciencia, las cuales subyugan cualquier otra forma de influencia. El mito sigue ahí, como escribió Levi-Stráuss: todo desciframiento de un mito es otro mito.
Lo que procede de aquí es algo como una autofagia del ser humano, si prosiguiéramos de forma dialéctica con éste proceso encontramos que la impotencia y el fracaso mismo del hombre radican en su desvirtuación frente a aquello que sojuzga. En la película tenemos una buena metáfora de lo anterior: ese momento en el que la alienación aprisione nuestras mentes y la técnica sustituya a la fisiología, como una producción en serie de personas sin conciencia de identidad. Aproximadamente lo que pasa en nuestros días. Además me parece adecuado destacar la mofa que hace el propio Puppet Master a la ciencia al objetarle su incapacidad para definir a un ser vivo.
Quizá podríamos achacar todo lo anterior a esa fe del hombre en la ciencia y que no por ser a la ciencia deja de ser irracional, y si la vemos desde esa perspectiva irracional, deductivamente deja de ser humana.
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sábado, 4 de julio de 2009
jueves, 2 de julio de 2009
Glam metal: ¿Hibridación o agresión cultural? (seguna parte)
El glam en los 80’s
Surge al inicio de ésta década una nueva ramificación del glam, la cual logró un gran reconocimiento comercial y que aún hoy sigue haciendo eco en la música pop: el glam metal.
Este nuevo género se identificaba profundamente con aquella generación de los sesenta y setenta. Imitadores de la estética hedonista, andrógina y agresiva en sus connotaciones sexuales. Pero destaca sobre las demás por lo exagerado y voluptuoso de los cabellos, haciendo énfasis en las melenas rubias y alborotadas, difundiendo la premisa “malos pero bonitos”.
Musicalmente incorporaron los sonidos crudos y virtuosos del metal: riffs violentos y solos de guitarra estremecedores, con la fórmula ya probada de sus antecesores del glam rock. El resultado fue un estilo que si bien no aportaba mucha frescura al panorama de la época, sí gozó de éxito y notoriedad entre la juventud, al grado que el número de bandas surgidas del género resultó ser excesivo. Algunas de las más importantes de la primera ola del glam metal, entre 1980 y 1983 fueron Quiet Riot, Motley Crue, W.A.S.P., Twisted Sister, Ratt, Helix y Stryper. A partir de 1984 y hasta su decadencia a mediados de los noventa destacaron Bon Jovi, Europe, Poison, L.A. Guns, Cinderella y Def Leppard.
Tratar de explicar el enorme impacto de la propuesta musical y estética de las agrupaciones que aquí se mencionan pasa por reconocer el contexto en el que se desenvolvieron. Durante los ochentas las tecnologías de la información y comunicación alcanzaron un notable apogeo, debido en parte a un mayor poder adquisitivo de la clase media: surgen el cassete y el disco compacto, los dos resultaron alternativas prácticas y viables para el consumo y la masificación, además del surgimiento del canal de televisión MTV; propiciando que la generación de músicos que estuvieron activos en esta época disfrutaran de una difusión y ventas mayores que ninguna otra en la historia, y al mismo tiempo se creó una nueva generación de espectadores, los cuales tenían a su disposición una oferta diversificada por el incremento de opciones en el mercado.
Glam metal hecho moda
Por lo que significó el enorme impacto de las tecnologías de la información entran en conflicto las ideas de Canclini. Debido a la repentina masificación y consumo de las manifestaciones simbólicas por las industrias culturales asistimos a una desterritorialización y a la reconversión de las fronteras entre lo masivo, lo culto y lo popular. Ya no es posible en la lógica del consumo dejar fuera a ningún miembro que participa en la misma.
La moda, como un cliché de la modernidad, representa con detalle lo anterior. Si bien resulta un concepto amorfo y ambiguo su esencia se basa en la repetición y la imitación. La prenda, uso o costumbre que más se repite en un momento determinado es la que se encuentra de moda. Por lo general quienes imponen tales modas son las clases hegemónicas de los diversos ámbitos. Pero basados en un modelo de globalización y expansión continuos ya no se puede reducir la prenda, el uso o costumbre, a una expresión simbólica de orden autóctono porque responde a otros fines: a los de la hegemonía, y la modernidad ha propiciado tal desterritorialización, desplazando el bien simbólico, legitimando su consumo.
No tendría objeto discutir si en el glam metal existe una verdadera autenticidad artística, la modernidad tiende a uniformar los diversos criterios con los que se clasifica cualquier tipo de capital cultural. Como objeto de masas el glam metal no responde a una pretendida autonomía dentro del campo del arte, se sostiene de circunstancias totalmente ajenas que lo favorecen de alguna forma: al ser un género surgido dentro del país hegemónico por excelencia, los Estados Unidos, se encuentra con el aparato adecuado para promover su masificación.
No podría pensarse que un género musical surgido en alguna región de África por ejemplo, pudiera lograr la difusión y comercialización suficientes para participar en la competitividad que representa la dinámica de los mercados. En cambio, existe la posibilidad o el riesgo de que a la luz de la modernidad casi cualquier cosa pueda convertirse en fetiche de consumo, tal y como ha pasado con el arte en general y su lábil autonomía dentro de la producción cultural.
Sin embargo, y con el caso ilustrativo del glam metal, podemos apreciar que las mismas fuerzas que difunden y consumen el fetiche comercial son las mismas que se encargan de desvirtuarlo, la modernidad y la moda a su lado son fungibles, requieren de una constante búsqueda de lo nuevo para sostenerse a sí mismas. Ya sea en la vanguardia artística o mirando directamente hacia el pasado es que encuentran sus materias primas.
Surge al inicio de ésta década una nueva ramificación del glam, la cual logró un gran reconocimiento comercial y que aún hoy sigue haciendo eco en la música pop: el glam metal.
Este nuevo género se identificaba profundamente con aquella generación de los sesenta y setenta. Imitadores de la estética hedonista, andrógina y agresiva en sus connotaciones sexuales. Pero destaca sobre las demás por lo exagerado y voluptuoso de los cabellos, haciendo énfasis en las melenas rubias y alborotadas, difundiendo la premisa “malos pero bonitos”.
Musicalmente incorporaron los sonidos crudos y virtuosos del metal: riffs violentos y solos de guitarra estremecedores, con la fórmula ya probada de sus antecesores del glam rock. El resultado fue un estilo que si bien no aportaba mucha frescura al panorama de la época, sí gozó de éxito y notoriedad entre la juventud, al grado que el número de bandas surgidas del género resultó ser excesivo. Algunas de las más importantes de la primera ola del glam metal, entre 1980 y 1983 fueron Quiet Riot, Motley Crue, W.A.S.P., Twisted Sister, Ratt, Helix y Stryper. A partir de 1984 y hasta su decadencia a mediados de los noventa destacaron Bon Jovi, Europe, Poison, L.A. Guns, Cinderella y Def Leppard.
Tratar de explicar el enorme impacto de la propuesta musical y estética de las agrupaciones que aquí se mencionan pasa por reconocer el contexto en el que se desenvolvieron. Durante los ochentas las tecnologías de la información y comunicación alcanzaron un notable apogeo, debido en parte a un mayor poder adquisitivo de la clase media: surgen el cassete y el disco compacto, los dos resultaron alternativas prácticas y viables para el consumo y la masificación, además del surgimiento del canal de televisión MTV; propiciando que la generación de músicos que estuvieron activos en esta época disfrutaran de una difusión y ventas mayores que ninguna otra en la historia, y al mismo tiempo se creó una nueva generación de espectadores, los cuales tenían a su disposición una oferta diversificada por el incremento de opciones en el mercado.
Glam metal hecho moda
Por lo que significó el enorme impacto de las tecnologías de la información entran en conflicto las ideas de Canclini. Debido a la repentina masificación y consumo de las manifestaciones simbólicas por las industrias culturales asistimos a una desterritorialización y a la reconversión de las fronteras entre lo masivo, lo culto y lo popular. Ya no es posible en la lógica del consumo dejar fuera a ningún miembro que participa en la misma.
La moda, como un cliché de la modernidad, representa con detalle lo anterior. Si bien resulta un concepto amorfo y ambiguo su esencia se basa en la repetición y la imitación. La prenda, uso o costumbre que más se repite en un momento determinado es la que se encuentra de moda. Por lo general quienes imponen tales modas son las clases hegemónicas de los diversos ámbitos. Pero basados en un modelo de globalización y expansión continuos ya no se puede reducir la prenda, el uso o costumbre, a una expresión simbólica de orden autóctono porque responde a otros fines: a los de la hegemonía, y la modernidad ha propiciado tal desterritorialización, desplazando el bien simbólico, legitimando su consumo.
No tendría objeto discutir si en el glam metal existe una verdadera autenticidad artística, la modernidad tiende a uniformar los diversos criterios con los que se clasifica cualquier tipo de capital cultural. Como objeto de masas el glam metal no responde a una pretendida autonomía dentro del campo del arte, se sostiene de circunstancias totalmente ajenas que lo favorecen de alguna forma: al ser un género surgido dentro del país hegemónico por excelencia, los Estados Unidos, se encuentra con el aparato adecuado para promover su masificación.
No podría pensarse que un género musical surgido en alguna región de África por ejemplo, pudiera lograr la difusión y comercialización suficientes para participar en la competitividad que representa la dinámica de los mercados. En cambio, existe la posibilidad o el riesgo de que a la luz de la modernidad casi cualquier cosa pueda convertirse en fetiche de consumo, tal y como ha pasado con el arte en general y su lábil autonomía dentro de la producción cultural.
Sin embargo, y con el caso ilustrativo del glam metal, podemos apreciar que las mismas fuerzas que difunden y consumen el fetiche comercial son las mismas que se encargan de desvirtuarlo, la modernidad y la moda a su lado son fungibles, requieren de una constante búsqueda de lo nuevo para sostenerse a sí mismas. Ya sea en la vanguardia artística o mirando directamente hacia el pasado es que encuentran sus materias primas.
miércoles, 1 de julio de 2009
Glam metal: ¿Hibridación o agresión cultural? (primera parte)
Introducción
El examen que Canclini hace sobre la modernidad es tan amplio y heterogéneo en sus dimensiones conceptuales que permite abordar, desde posturas cambiantes o contradictorias, cualquier indicio de reconversión que implique al mismo tiempo una diferenciación en el orden simbólico, el cual se justifica por pautas culturales en permanente reordenamiento y búsqueda de autenticidad.
Las formas de apropiación de lo moderno, surgidas como resultado de la lógica del consumo tienden a generar la masificación. Se ponen a prueba los límites en los que se fundaba la concepción de autonomía de los campos de producción cultural, ya que es necesario para satisfacer las demandas generadas por las hegemonías económicas, el contar con un sustento que legitime sus posturas dominantes frente a las otras clases. Como ejemplo de lo anterior y tema de mi ensayo decidí enfocarme en la moda, específicamente la surgida en los años ochenta, en el contexto musical y estético que se denominó Glam metal.
Antecedentes
El Glam metal, que fue denominado despectivamente por algunos de sus críticos como hair metal, tiene sus orígenes en la década de los sesentas. Fueron muchos y muy diversos los artistas y las tendencias que propiciaron su aparición, quizá por eso es que se hable en ocasiones de la indefinición y ambigüedad del término con respecto de los grupos musicales que son considerados parte de este género; pero a grades rasgos se trata de una derivación del glam rock británico desarrollado en los años sesentas y setentas.
Sus influencias más próximas fueron grupos como New York Dolls, T-Rex, Alice Cooper, Roxy Music, The Human League, Kiss, Whitesnake, Aerosmith y David Bowie. Todos ellos populares y conocidos por su música innovadora que recogía sonidos del pop y del rock psicodélico, de igual forma por la teatralidad de sus actuaciones en vivo a las que añadían elementos dramáticos y de performance; pero sobre todo por su apariencia, la cual se construía con un perfil andrógino recurriendo al maquillaje exagerado y la utilización de prendas estrafalarias, inspiradas en el travestismo y la liberación sexual, temas en boga por esos tiempos, los trajes futuristas brillantes, las botas con plataforma, los peinados imposibles y los kilos de maquillaje. El objetivo de tal indumentaria era manifestarse en contra de la imagen del macho-rock.
Cabe decir que el término glam es un apócope de la palabra glamour, lo que nos remite al ideal hedonista que tenían en común los grupos y artistas que se inscribían dentro del género. Algunos de sus representantes más significativos como Marc Bolan del grupo T-Rex y David Bowie trascendieron su papel de músicos y fueron requeridos para representar papeles en el cine, debido a su celebridad y a la influencia que ejercían en su época de mayor actividad.
En años recientes se ha dado un rescate de la propuesta artística que nos dejaron aquellas agrupaciones. Se han filmado películas con temáticas relacionadas al glam rock y sus figuras icónicas; de igual forma la apropiación de la vestimenta característica del género por parte de la moda ha vuelto a surgir como parte de las tendencias retro.
El examen que Canclini hace sobre la modernidad es tan amplio y heterogéneo en sus dimensiones conceptuales que permite abordar, desde posturas cambiantes o contradictorias, cualquier indicio de reconversión que implique al mismo tiempo una diferenciación en el orden simbólico, el cual se justifica por pautas culturales en permanente reordenamiento y búsqueda de autenticidad.
Las formas de apropiación de lo moderno, surgidas como resultado de la lógica del consumo tienden a generar la masificación. Se ponen a prueba los límites en los que se fundaba la concepción de autonomía de los campos de producción cultural, ya que es necesario para satisfacer las demandas generadas por las hegemonías económicas, el contar con un sustento que legitime sus posturas dominantes frente a las otras clases. Como ejemplo de lo anterior y tema de mi ensayo decidí enfocarme en la moda, específicamente la surgida en los años ochenta, en el contexto musical y estético que se denominó Glam metal.
Antecedentes
El Glam metal, que fue denominado despectivamente por algunos de sus críticos como hair metal, tiene sus orígenes en la década de los sesentas. Fueron muchos y muy diversos los artistas y las tendencias que propiciaron su aparición, quizá por eso es que se hable en ocasiones de la indefinición y ambigüedad del término con respecto de los grupos musicales que son considerados parte de este género; pero a grades rasgos se trata de una derivación del glam rock británico desarrollado en los años sesentas y setentas.
Sus influencias más próximas fueron grupos como New York Dolls, T-Rex, Alice Cooper, Roxy Music, The Human League, Kiss, Whitesnake, Aerosmith y David Bowie. Todos ellos populares y conocidos por su música innovadora que recogía sonidos del pop y del rock psicodélico, de igual forma por la teatralidad de sus actuaciones en vivo a las que añadían elementos dramáticos y de performance; pero sobre todo por su apariencia, la cual se construía con un perfil andrógino recurriendo al maquillaje exagerado y la utilización de prendas estrafalarias, inspiradas en el travestismo y la liberación sexual, temas en boga por esos tiempos, los trajes futuristas brillantes, las botas con plataforma, los peinados imposibles y los kilos de maquillaje. El objetivo de tal indumentaria era manifestarse en contra de la imagen del macho-rock.
Cabe decir que el término glam es un apócope de la palabra glamour, lo que nos remite al ideal hedonista que tenían en común los grupos y artistas que se inscribían dentro del género. Algunos de sus representantes más significativos como Marc Bolan del grupo T-Rex y David Bowie trascendieron su papel de músicos y fueron requeridos para representar papeles en el cine, debido a su celebridad y a la influencia que ejercían en su época de mayor actividad.
En años recientes se ha dado un rescate de la propuesta artística que nos dejaron aquellas agrupaciones. Se han filmado películas con temáticas relacionadas al glam rock y sus figuras icónicas; de igual forma la apropiación de la vestimenta característica del género por parte de la moda ha vuelto a surgir como parte de las tendencias retro.
martes, 30 de junio de 2009
Mañanitas a la Virgen de Guadalupe: lugar de encuentro (segunda parte)
Celebración
Las Mañanitas es una canción popular mexicana del dominio público que se canta con motivo de celebrar a una persona por su onomástico o cumpleaños. De la misma forma la población católica rinde culto a la Virgen de Guadalupe en los primeros días de diciembre, comenzando el día primero y culminando el 12.
Es costumbre que las Mañanitas sean cantadas durante la madrugada. En la letra tradicional se llama a despertar al festejado, además de que contiene referencias a los santos y a personajes bíblicos, lo que demuestra su origen mestizo.
En el caso de los días consagrados a la Virgen, la celebración consiste en una misa oficiada con apego a la liturgia cotidiana. Las llamadas a la congregación comienzan a las 5:30 de la madrugada. Durante el primer día el sacerdote da un pequeño preámbulo de lo que serán los festejos a lo largo de los doce días siguientes y, posteriormente comienzan los rezos del Rosario, terminando a las seis en punto, para dar paso a la misa.
El ritual se realiza casi sin cambios en todos los días. El Santuario es equipado con dispositivos más potentes de sonido para que las palabras del sacerdote lleguen a las personas que no alcanzaron lugar adentro del recinto y se encuentran en las escalinatas, o bien en el atrio. Pero, debido a la acústica generada por la ubicación del Santuario es posible escuchar también en otros sectores de la ciudad.
El sacerdote encargado de oficiar la misa, que por lo general resulta ser el encargado de la parroquia, acostumbra enfocar sus sermones en cuestiones como las cualidades demostradas por la Virgen, profundizando en su naturaleza divina, el dogma de su virginidad inmaculada y la entrega que demostró hacia Dios al aceptar ser la madre de su hijo.
El énfasis en tales aspectos de la moral cristiana configura el discurso esbozado alrededor de la figura que representa la Virgen de Guadalupe. Perfilada por el imaginario colectivo de la población católica como la madre no sólo de Dios, sino de todos los fieles.
El Santuario como espacio natural de congregación para los creyentes católicos sufre algunas alteraciones durante los días de la fiesta. Recibe cantidades de personas que no son cotidianas durante el resto del año, predomina la población jiquilpense, sin embargo es muy común ver a gente de poblaciones y rancherías aledañas a la ciudad. Otra presencia notoria es la de los migrantes que regresan para pasar las fiestas navideñas en sus lugares de origen.
El ambiente y la animosidad de los presentes durante la misa varían en diversas formas. En el interior del templo lleno hasta el punto de que hay muchos de pie, todo es solemnidad, pero es necesario hacer notar que estos feligreses en su mayoría son personas adultas o ya de la tercera edad.
En la escalinata, donde se congrega la mayoría de la gente, es normal ver a familias enteras incluso con niños pequeños. En general se trata de un grupo más heterogéneo en cuestión de edad y su atención está un poco más dispersa, algunos desayunan o platican, pero sin perturbar demasiado el orden.
En el atrio aunque el estado de ánimo no llega a ser festivo sí es mucho más despreocupado ya que la mayoría de quienes se encuentran ahí son jóvenes y adolescentes, quienes encuentran en la ocasión la oportunidad para socializar fuera de los horarios y lugares cotidianos, pues de otra forma no tendría sentido estar en ese lugar a esa hora. Sin embargo su presencia no es muy regular durante los doce días de festejos, debido a que mucho son estudiantes todavía.
Las misas suelen terminar aproximadamente a las siente de la mañana. Algunos se encaminan directamente a sus trabajos o escuelas pero otros acuden a los puestos ubicados en los corredores laterales del Santuario, o a las mesas instaladas afuera de las casas de los vecinos al lugar, que aprovechan la concurrencia para vender desayunos a los asistentes.
La calle Constitución, que sube desde la avenida las Palmas hasta el Santuario, se convierte durante esos días en un enorme pasillo por el que la gente coloca a ambos lados sus comedores improvisados. Algunos de los platillos ofrecidos son el menudo, los tamales, jugos, atole, tortas, entre otros.
A pesar de que la jornada laboral suele comenzar temprano, eso no le impide a la gente asistir con regularidad a las Mañanitas. Por lo general a las ocho de la mañana a más tardar las calles ya se encuentran limpias de puestos y la mayoría de la gente inmersa en sus ocupaciones cotidianas.
Durante el día doce, el más importante de los festejos en honor a la Virgen de Guadalupe, el Santuario esta repleto de gente a todas horas. Al ser día festivo muchos no tiene la obligación de trabajar o ir a la escuela. La fiesta comienza según como se venía practicando en los días anteriores, pero esta vez, al terminar la misa, las Mañanitas son entonadas con acompañamiento de mariachi.
Durante el resto de la mañana y buena parte de la tarde las celebraciones continúan con eventos deportivos y jornadas de oración. Posteriormente el atrio del Santuario pasa a ser el punto de reunión para la música y el baile hasta la medianoche, cuando el día termina.
Así terminan las tradicionales Mañanitas, que darán paso a las otras festividades típicas del fin de año: las posadas.
Las Mañanitas es una canción popular mexicana del dominio público que se canta con motivo de celebrar a una persona por su onomástico o cumpleaños. De la misma forma la población católica rinde culto a la Virgen de Guadalupe en los primeros días de diciembre, comenzando el día primero y culminando el 12.
Es costumbre que las Mañanitas sean cantadas durante la madrugada. En la letra tradicional se llama a despertar al festejado, además de que contiene referencias a los santos y a personajes bíblicos, lo que demuestra su origen mestizo.
En el caso de los días consagrados a la Virgen, la celebración consiste en una misa oficiada con apego a la liturgia cotidiana. Las llamadas a la congregación comienzan a las 5:30 de la madrugada. Durante el primer día el sacerdote da un pequeño preámbulo de lo que serán los festejos a lo largo de los doce días siguientes y, posteriormente comienzan los rezos del Rosario, terminando a las seis en punto, para dar paso a la misa.
El ritual se realiza casi sin cambios en todos los días. El Santuario es equipado con dispositivos más potentes de sonido para que las palabras del sacerdote lleguen a las personas que no alcanzaron lugar adentro del recinto y se encuentran en las escalinatas, o bien en el atrio. Pero, debido a la acústica generada por la ubicación del Santuario es posible escuchar también en otros sectores de la ciudad.
El sacerdote encargado de oficiar la misa, que por lo general resulta ser el encargado de la parroquia, acostumbra enfocar sus sermones en cuestiones como las cualidades demostradas por la Virgen, profundizando en su naturaleza divina, el dogma de su virginidad inmaculada y la entrega que demostró hacia Dios al aceptar ser la madre de su hijo.
El énfasis en tales aspectos de la moral cristiana configura el discurso esbozado alrededor de la figura que representa la Virgen de Guadalupe. Perfilada por el imaginario colectivo de la población católica como la madre no sólo de Dios, sino de todos los fieles.
El Santuario como espacio natural de congregación para los creyentes católicos sufre algunas alteraciones durante los días de la fiesta. Recibe cantidades de personas que no son cotidianas durante el resto del año, predomina la población jiquilpense, sin embargo es muy común ver a gente de poblaciones y rancherías aledañas a la ciudad. Otra presencia notoria es la de los migrantes que regresan para pasar las fiestas navideñas en sus lugares de origen.
El ambiente y la animosidad de los presentes durante la misa varían en diversas formas. En el interior del templo lleno hasta el punto de que hay muchos de pie, todo es solemnidad, pero es necesario hacer notar que estos feligreses en su mayoría son personas adultas o ya de la tercera edad.
En la escalinata, donde se congrega la mayoría de la gente, es normal ver a familias enteras incluso con niños pequeños. En general se trata de un grupo más heterogéneo en cuestión de edad y su atención está un poco más dispersa, algunos desayunan o platican, pero sin perturbar demasiado el orden.
En el atrio aunque el estado de ánimo no llega a ser festivo sí es mucho más despreocupado ya que la mayoría de quienes se encuentran ahí son jóvenes y adolescentes, quienes encuentran en la ocasión la oportunidad para socializar fuera de los horarios y lugares cotidianos, pues de otra forma no tendría sentido estar en ese lugar a esa hora. Sin embargo su presencia no es muy regular durante los doce días de festejos, debido a que mucho son estudiantes todavía.
Las misas suelen terminar aproximadamente a las siente de la mañana. Algunos se encaminan directamente a sus trabajos o escuelas pero otros acuden a los puestos ubicados en los corredores laterales del Santuario, o a las mesas instaladas afuera de las casas de los vecinos al lugar, que aprovechan la concurrencia para vender desayunos a los asistentes.
La calle Constitución, que sube desde la avenida las Palmas hasta el Santuario, se convierte durante esos días en un enorme pasillo por el que la gente coloca a ambos lados sus comedores improvisados. Algunos de los platillos ofrecidos son el menudo, los tamales, jugos, atole, tortas, entre otros.
A pesar de que la jornada laboral suele comenzar temprano, eso no le impide a la gente asistir con regularidad a las Mañanitas. Por lo general a las ocho de la mañana a más tardar las calles ya se encuentran limpias de puestos y la mayoría de la gente inmersa en sus ocupaciones cotidianas.
Durante el día doce, el más importante de los festejos en honor a la Virgen de Guadalupe, el Santuario esta repleto de gente a todas horas. Al ser día festivo muchos no tiene la obligación de trabajar o ir a la escuela. La fiesta comienza según como se venía practicando en los días anteriores, pero esta vez, al terminar la misa, las Mañanitas son entonadas con acompañamiento de mariachi.
Durante el resto de la mañana y buena parte de la tarde las celebraciones continúan con eventos deportivos y jornadas de oración. Posteriormente el atrio del Santuario pasa a ser el punto de reunión para la música y el baile hasta la medianoche, cuando el día termina.
Así terminan las tradicionales Mañanitas, que darán paso a las otras festividades típicas del fin de año: las posadas.
lunes, 29 de junio de 2009
Mañanitas a la Virgen de Guadalupe: lugar de encuentro
La primera impresión
Las Mañanitas a la Virgen de Guadalupe, celebración en la que se hace partícipe de forma masiva la población de Jiquilpan y de algunos lugares aledaños, suponen el inicio y preámbulo a los festejos de la Navidad y el Año Nuevo. Se llevan a cabo durante las horas de la madrugada (a partir de las 5:30 a.m.) en el Santuario consagrado a la Virgen durante los primeros doce días del mes de diciembre.
No se trata de una tradición particularmente jiquilpense, también es realizada de forma simultánea en muchas poblaciones de mayoría católica no sólo del estado de Michoacán sino de todo México, no obstante con rasgos distintivos en cada una de ellas.
Cabe decir a manera de marco social, que es durante el mes de diciembre cuando el índice de la población crece en un volumen considerable por causa del regreso temporal de algunos migrantes, sobre todo aquellos que radican en Estados Unidos, lo que añade un toque de mayor valor nostálgico y simbólico a las fechas.
Además de las Mañanitas, los festejos en honor a la Virgen de Guadalupe son capitalizados con eventos sociales y de índole religiosa, tales como procesiones, misas especiales, rosarios, encuentros deportivos, manifestaciones, etc. Si bien no es el propósito del presente trabajo profundizar en estos últimos, podrán servir como punto de referencia para el desarrollo posterior de algunas reflexiones.
El Santuario
El panorama urbano en muchas de las ciudades mexicanas con mayoría católica se ve rematado por la presencia de los templos, sin embargo, es frecuente que el recinto destinado a la adoración de la Virgen de Guadalupe esté ubicado en un lugar más alto, trátese de una colina o un cerro, con relación a los demás.
Lo anterior hunde sus raíces tanto en el pasado prehispánico como en el colonial de nuestro país. Era una práctica ritual entre algunos de las poblaciones indígenas nativas de Mesoamérica, el acudir a terrenos elevados con el fin de realizar ahí sus celebraciones. Durante la época de la conquista y la cristianización, algunos de los misioneros optaron por no modificar el peregrinaje de los nativos y los templos del nuevo credo fueron construidos sobre las ruinas de los antiguos lugares de veneración indígena.
No obstante lo anterior, existe la creencia católica de que fue la misma Virgen de Guadalupe en sus apariciones a Juan Diego hace más de doscientos años, quien ordenó que se le construyera un altar de adoración en el cerro del Tepeyac, y a partir de ese acontecimiento quedó instituido de manera divina el lugar que le corresponde en el mapa de las poblaciones.
En Jiquilpan no es la excepción, el Santuario fue construido en “la loma” como se conoce al sitio de forma corriente. Se llega a él por la calle Constitución, perpendicular a la avenida principal llamada Lázaro Cárdenas. Lo precede una portada con dos arcos para permitir el paso de los vehículos en ambos sentidos. Tal portada está adornada con representaciones pictóricas de la Virgen, Juan Diego y la Basílica de Guadalupe en el D. F.
El terreno que ocupa el Santuario es muy amplio, y está dividido en tres secciones: la primera es el estacionamiento cuyos espacios son acondicionados en las celebraciones especiales como las Mañanitas para que vendedores de artículos religiosos y desayunos puedan establecerse; la segunda que hace las veces de atrio y la tercera a la cual se tiene acceso por una escalinata, constituye el edificio propiamente dicho.
Las Mañanitas a la Virgen de Guadalupe, celebración en la que se hace partícipe de forma masiva la población de Jiquilpan y de algunos lugares aledaños, suponen el inicio y preámbulo a los festejos de la Navidad y el Año Nuevo. Se llevan a cabo durante las horas de la madrugada (a partir de las 5:30 a.m.) en el Santuario consagrado a la Virgen durante los primeros doce días del mes de diciembre.
No se trata de una tradición particularmente jiquilpense, también es realizada de forma simultánea en muchas poblaciones de mayoría católica no sólo del estado de Michoacán sino de todo México, no obstante con rasgos distintivos en cada una de ellas.
Cabe decir a manera de marco social, que es durante el mes de diciembre cuando el índice de la población crece en un volumen considerable por causa del regreso temporal de algunos migrantes, sobre todo aquellos que radican en Estados Unidos, lo que añade un toque de mayor valor nostálgico y simbólico a las fechas.
Además de las Mañanitas, los festejos en honor a la Virgen de Guadalupe son capitalizados con eventos sociales y de índole religiosa, tales como procesiones, misas especiales, rosarios, encuentros deportivos, manifestaciones, etc. Si bien no es el propósito del presente trabajo profundizar en estos últimos, podrán servir como punto de referencia para el desarrollo posterior de algunas reflexiones.
El Santuario
El panorama urbano en muchas de las ciudades mexicanas con mayoría católica se ve rematado por la presencia de los templos, sin embargo, es frecuente que el recinto destinado a la adoración de la Virgen de Guadalupe esté ubicado en un lugar más alto, trátese de una colina o un cerro, con relación a los demás.
Lo anterior hunde sus raíces tanto en el pasado prehispánico como en el colonial de nuestro país. Era una práctica ritual entre algunos de las poblaciones indígenas nativas de Mesoamérica, el acudir a terrenos elevados con el fin de realizar ahí sus celebraciones. Durante la época de la conquista y la cristianización, algunos de los misioneros optaron por no modificar el peregrinaje de los nativos y los templos del nuevo credo fueron construidos sobre las ruinas de los antiguos lugares de veneración indígena.
No obstante lo anterior, existe la creencia católica de que fue la misma Virgen de Guadalupe en sus apariciones a Juan Diego hace más de doscientos años, quien ordenó que se le construyera un altar de adoración en el cerro del Tepeyac, y a partir de ese acontecimiento quedó instituido de manera divina el lugar que le corresponde en el mapa de las poblaciones.
En Jiquilpan no es la excepción, el Santuario fue construido en “la loma” como se conoce al sitio de forma corriente. Se llega a él por la calle Constitución, perpendicular a la avenida principal llamada Lázaro Cárdenas. Lo precede una portada con dos arcos para permitir el paso de los vehículos en ambos sentidos. Tal portada está adornada con representaciones pictóricas de la Virgen, Juan Diego y la Basílica de Guadalupe en el D. F.
El terreno que ocupa el Santuario es muy amplio, y está dividido en tres secciones: la primera es el estacionamiento cuyos espacios son acondicionados en las celebraciones especiales como las Mañanitas para que vendedores de artículos religiosos y desayunos puedan establecerse; la segunda que hace las veces de atrio y la tercera a la cual se tiene acceso por una escalinata, constituye el edificio propiamente dicho.
La undécima musa
Pita Amor, de nombre completo Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein, también conocida como la Undécima Musa, fue una poetisa mexicana nacida en el año de 1918. Su vida y obra, peculiares en muchos sentidos, han contribuido a crear una mitología alrededor de su persona, trascendiendo las barreras del tiempo hasta el punto de equipararla con otra escritora inolvidable: Sor Juana Inés de la Cruz.
Nacida en el seno de una familia aristócrata venida a menos por el colapso económico que trajo consigo la revolución. Hija de don Emmanuel Amor Subervielle y doña Carolina Schmidtlein García Teruel. Desde pequeña comenzaron a llamarla Pita, pues nunca manifestó gusto alguno por sus nombres de pila.
Encarnó el ideal romántico de la mujer contemporánea: insumisa, decidida, ambiciosa, indomable, altanera e inteligente. En su juventud y debido a su incomparable belleza, fue musa de poetas y modelo de pintores, tales como Diego Rivera, Raúl Anguiano, Juan Soriano, Roberto Montegro, entre otros. Fueron éstos acercamientos con la vida intelectual y cultural del país lo que despertó en ella la afición por las letras, la cual se manifestaría en forma definitiva algunos años después, contando con la aceptación y popularidad entre los círculos literarios nacionales y extranjeros.
Su obra, en la que encontramos resonancias que la ligan directamente a los clásicos de la literatura como Quevedo, Góngora y Sor Juana, hizo las delicias de los intelectuales de la época, al punto de ser elogiada por el filósofo Jean-Paul Sartre, quien encontró en la joven escritora una voz inconfundible en la que se manifestaban con un trato complejo y sencillo a la vez, las preocupaciones existencialistas que se encontraban en boga por aquellos años.
Nuestra relación con Dios, con la nada y con la muerte son algunas de las constantes en su poesía, expuestas mediante un rigor formal que las dota de una vitalidad no exenta de ironía e indiferencia. Algunas de sus publicaciones más importantes son: Puerta obstinada (1947); Círculo de angustia (1948); Polvo (1949); Décimas a Dios (1953); Sirviéndole a Dios, de hoguera (1958); Soy dueña del universo (1984). Además del poema dedicado a Gabriel Mistral, Yo soy mi casa (1946).
En su turbulenta vida personal experimentó de un mismo modo la aceptación y el rechazo, la admiración y la soledad. Ególatra, se hizo llamar la Diosa mientras gozó de notoriedad literaria. Nunca permaneció fiel a un hombre aunque tuvo un hijo que murió trágicamente cuando apenas contaba con un año y meses. Cayó en una profunda depresión y se retiró de la vida social por algunos años; cuando reapareció ya nada quedaba de aquella mujer bella y altanera. Murió en el año 2000 a los 81 años de edad; sin embargo su obra, como la buena literatura, permanece vigente. A continuación se insertan algunos de sus versos.
Shakespeare me llamó genial
Lópe de Vega infinita
Calderón, bruja maldita
Y Fray Luis la episcopal;
Quevedo, grande inmortal
Y Góngora la contrita.
Sor Juana, monja inaudita
y Bécquer la mayoral.
Rubén Darío, la hemorragia;
La hechicera de la magia.
Machado, la alucinante.
Villaurrutia, enajenante
García Lorca, la grandiosa.
¡Y yo me llamé la Diosa!
Nacida en el seno de una familia aristócrata venida a menos por el colapso económico que trajo consigo la revolución. Hija de don Emmanuel Amor Subervielle y doña Carolina Schmidtlein García Teruel. Desde pequeña comenzaron a llamarla Pita, pues nunca manifestó gusto alguno por sus nombres de pila.
Encarnó el ideal romántico de la mujer contemporánea: insumisa, decidida, ambiciosa, indomable, altanera e inteligente. En su juventud y debido a su incomparable belleza, fue musa de poetas y modelo de pintores, tales como Diego Rivera, Raúl Anguiano, Juan Soriano, Roberto Montegro, entre otros. Fueron éstos acercamientos con la vida intelectual y cultural del país lo que despertó en ella la afición por las letras, la cual se manifestaría en forma definitiva algunos años después, contando con la aceptación y popularidad entre los círculos literarios nacionales y extranjeros.
Su obra, en la que encontramos resonancias que la ligan directamente a los clásicos de la literatura como Quevedo, Góngora y Sor Juana, hizo las delicias de los intelectuales de la época, al punto de ser elogiada por el filósofo Jean-Paul Sartre, quien encontró en la joven escritora una voz inconfundible en la que se manifestaban con un trato complejo y sencillo a la vez, las preocupaciones existencialistas que se encontraban en boga por aquellos años.
Nuestra relación con Dios, con la nada y con la muerte son algunas de las constantes en su poesía, expuestas mediante un rigor formal que las dota de una vitalidad no exenta de ironía e indiferencia. Algunas de sus publicaciones más importantes son: Puerta obstinada (1947); Círculo de angustia (1948); Polvo (1949); Décimas a Dios (1953); Sirviéndole a Dios, de hoguera (1958); Soy dueña del universo (1984). Además del poema dedicado a Gabriel Mistral, Yo soy mi casa (1946).
En su turbulenta vida personal experimentó de un mismo modo la aceptación y el rechazo, la admiración y la soledad. Ególatra, se hizo llamar la Diosa mientras gozó de notoriedad literaria. Nunca permaneció fiel a un hombre aunque tuvo un hijo que murió trágicamente cuando apenas contaba con un año y meses. Cayó en una profunda depresión y se retiró de la vida social por algunos años; cuando reapareció ya nada quedaba de aquella mujer bella y altanera. Murió en el año 2000 a los 81 años de edad; sin embargo su obra, como la buena literatura, permanece vigente. A continuación se insertan algunos de sus versos.
Shakespeare me llamó genial
Lópe de Vega infinita
Calderón, bruja maldita
Y Fray Luis la episcopal;
Quevedo, grande inmortal
Y Góngora la contrita.
Sor Juana, monja inaudita
y Bécquer la mayoral.
Rubén Darío, la hemorragia;
La hechicera de la magia.
Machado, la alucinante.
Villaurrutia, enajenante
García Lorca, la grandiosa.
¡Y yo me llamé la Diosa!
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